Estás navegando por los archivos mensuales para junio 2009.

No concibo elegir mi canción preferida, ni película, ni libro… Pero si tuviera que hacerlo esta canción estaría entre las grandes favoritas a conseguir el título.

Qué tengáis un buen día de la música!!

Parece que los neocom no son capaces de rebatir los argumentos que les achacan haber puesto las bases a la crisis que estamos viviendo. Y como no encuentran  justificación real se lanzan a tergiversar todo lo que pueden.

Este es un debate que se inició en los Estados Unidos, se trasladó a Europa y ya ha llegado a nuestra tierrina de manos de Javier Neira. Su principal objetivo, Paul Krugman. Como grandes seguidores del Premio Nobel y Principe de Asturias, mi amigo Javi me acaba de poner sobre la pista de lo que estaba pasando y con su opinión os dejo. Prometemos seguir el debate y contribuir humildemente a que el engaño no se expanda demasiado.

Ya tenemos un nuevo debate en la Red. Todo comenzó con mi perplejidad al leer la columna de hoy de Javier Neira. En ella se dice textualmente lo siguiente: “resulta que Krugman, asesor de Obama y ZP, fue el ideólogo de la burbuja inmobiliaria que padecemos”.

Todo ello arranca con una frase que el periodista atribuye a un artículo de Krugman en The New York Times en 2002:

«Para combatir esta recesión, la Fed necesita contestar con mayor brusquedad; hace falta incrementar el gasto familiar para compensar la languideciente inversión empresarial. Y para hacerlo, Alan Greenspan tiene que crear una burbuja inmobiliaria para reemplazar la burbuja del Nasdaq».

El problema es que al periodista le ha podido la vena política en su opinión y, me temo, que se ha dejado llevar por sus impulsos y no ha contrastado bien sus fuentes. Entiendo su reacción, el Paul Krugman de opinión política saca los colores a muchos conservadores de todo el mundo, su capacidad crítica “pone de los nervios” a muchos, eso hace que exista un batallón (diría un ejército) de halcones rastreando su pasado y sus palabras hasta encontrar lo que sea con tal de tratar de minar su prestigio. Han llegado a decir, como el propio Krugman publica en su blog, que su hijo (inexistente, no tiene hijos) trabajó para Hilary Clinton, o que fue uno de los causantes del desastre de Enron.

Obviamente, la fama cuesta, y más si uno toca las narices a supuestos intelectuales conservadores, plagados en los medios de comunicación. El problema es que cuando Krugman habla de teoría económica no son capaces de “meterle mano”, porque sus ideas y análisis han pasado todos los filtros académicos mundiales. Entonces sólo les queda hablar de sus artículos, usando truquillos de comunicación….

En la Red hay blogs (por ejemplo, el siguiente: link) donde se usan las mismas herramientas que Javier Neira.

Yo quiero entrar en este debate, porque llevo leyendo a Krugman desde que tengo uso de razón económica, y no comprendo, para nada, lo que está sucediendo. Por eso, vayamos por partes. El único objetivo de este post es facilitar información para que cada cual saque sus conclusiones.

Los “críticos” no tienden a citar el artículo, sino una frase y, como podrán comprobar, sacada de contexto. El artículo lo pueden encontrar en este link, y se titula “Dubya’s Double Dip?”, publicado el 2 de agosto de 2002. La frase exacta aparece en el séptimo párrafo:

“The basic point is that the recession of 2001 wasn’t a typical postwar slump, brought on when an inflation-fighting Fed raises interest rates and easily ended by a snapback in housing and consumer spending when the Fed brings rates back down again. This was a prewar-style recession, a morning after brought on by irrational exuberance. To fight this recession the Fed needs more than a snapback; it needs soaring household spending to offset moribund business investment. And to do that, as Paul McCulley of Pimco put it, Alan Greenspan needs to create a housing bubble to replace the Nasdaq bubble”.

Tomen la frase final sacada de contexto y tendrán y ya tenemos ya están enguadados los críticos. En Estados Unidos también tienen este debate, lo pueden seguir en el siguiente link.

Sin embargo, el artículo de Krugman, recomiendo su lectura integral, aborda algo que es muy conocido para cualquier economista: salir de una recesión simplemente con una política monetaria expansiva puede generar efectos no deseados. La política monetaria tiene un gran poder en la activación/desactivación de una economía De hecho, es un gran instrumento para abordar períodos de recesión (Krugman defiende hasta la saciedad su uso, lo hizo con la crisis de Japón y lo hace para la actual crisis). Pero la clave es que si no se usa adecuadamente puede generar problemas no previstos.

El artículo de Krugman muestra algo objetivo: tras estallar la burbuja de Internet y ante un déficit fiscal importante (porque la administración Bush afrontó la crisis de las .com con bajadas de impuestos) la única manera para que se pudiera empezar a recuperar la confianza en el consumo y la inversión, es bajando los tipos de interés y hacer que otro activo “actúe de tractor” de la economía. Greenspan podía bajar los tipos de interés para tratar de salir de la situación. Pero esto no tendría consecuencias nulas, podría generar un desequilibrio a favor de otro tipo de activos para dinamizar la economía, como por ejemplo los inmobiliarios, como ha sucedido, y como apuntaba Krugman.

En realidad no se trata de un artículo político, sino de economía pura y dura. La política monetaria tiene un gran impacto en una economía, pero hay que tener cuidado con ella. Como me citaba un amigo esta mañana es como el papel de un padre en una fiesta: “tiene que saber cuándo quita el alcohol para que sea divertido y no acabe en una desgracia”.

Lo que ocurrió a Estados Unidos fue que las políticas de recorte de impuestos, sobre todo a escalas más altas de rentas, generó un déficit público muy notable en una época difícil para su economía. La Reserva Federal contribuyó, porque no le quedaba más remedio, a abordar la recuperación de la economía con una política monetaria expansiva (bajada de tipos de interés), y esto abrió la espita al sector financiero que supo aprovecharse bien de ese acceso al crédito y convertirlo en hipotecas suprime.

Ahora valoren la frase de que “Krugman, asesor de Obama y ZP, fue el ideólogo de la burbuja inmobiliaria que padecemos”. Como el propio Krugman dice: “la economía es una materia que pulsa tantos asuntos del mundo real que se dan grandes incentivos para declararse un experto en la misma“.

 

Descubro a través de Nubes Negras el artículo escrito por Carlos Herrera en XL Semanal, el suplemento dominical del Grupo Vocento, titulado Ojito con Avilés.

La muy asturiana localidad de Avilés entró hace pocos años, lentamente, en la categoría urbanística de paisaje posindustrial. La siderurgia cambió, porque cambió el mundo, porque cambió la economía global, y toda industria pesada pasó a ser reconvertida de forma urgente. Ensidesa dejó de ser un nombre asociado a la villa de Avilés y ésta se resignó a dejar de ser capital del acero: no tuvo más remedio que reinventarse. Los primeros intentos en forma de ‘zona de urgente reindustrialización’ dejaron un balance ciertamente pobre, haciendo de Avilés una ciudad industrial en declive al estilo de otras tantas británicas, belgas o alemanas. Todos eran conscientes, no obstante, de que, a medida que desaparecía la base industrial, había que buscar nuevas oportunidades de la forma que las habían buscado –y encontrado– en Bilbao, en Glasgow o en Newcastle. Las tres superaron los más elementales inconvenientes que conlleva una desindustrialización: tasas de paro altas, enormes áreas de industria abandonada y un desarrollo económico del sector servicios no muy bien definido. De todo se sale, es evidente, aunque no sin esfuerzo, y en Avilés sabían que, de entrada, había que borrar la imagen de ciudad ruidosa, oscura y contaminada, había que reconvertir el puerto, regenerar la ría y rehabilitar el casco histórico. Para ello establecieron un plan regenerativo que va a tener una de sus cúspides en la inauguración total del Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer. La joya de la corona.

El turismo, los acontecimientos de distinto orden y diversos elementos de singularidad han sido las claves del despegue de otras ciudades en procesos semejantes. Integrar la cultura, en pocas palabras, en los planes de desarrollo. La iniciativa pública, a su vez, es la que regenera el perfil físico con obras de grandes magnitudes. Si un nombre de prestigio internacional se vincula a la ciudad como gancho cultural a través de una fundación o centro de creación y exposición, el camino ya está iniciado. Ése es el trabajo del Centro Niemeyer. El centenario Oscar Niemeyer es un santo laico de la arquitectura mundial, brasileño, seguidor de Le Corbusier y creador provocador y atrevido. Tuvo la humorada de crear los planos de los más importantes edificios de Brasilia y llevar adelante su construcción en poco menos de cuatro años. La catedral de Brasilia es su icono más identificable –cuando la vean en foto no se confundan, no la ha hecho Calatrava hace unos años, la hizo Niemeyer en los 60–. El Centro Internacional en Avilés vendrá a ser un compendio de toda su arquitectura. Ya está sirviendo para que un buen número de actividades animen el atractivo cultural de la villa. Científicos, artistas y pensadores empiezan a desfilar. Si la gestión es profesional, técnica, apasionada, inteligente, es decir, si no es política, nada garantiza que el futuro no esté exento de polémica, pero sí que sea un territorio lleno de esperanzas.

Si a quien esté leyendo estas líneas le sobreviene un repentino interés por saber qué está pasando en Avilés, no puedo por menos que conminarlo a viajar inmediatamente. Dista diez kilómetros del aeropuerto de Asturias y goza de un patrimonio arquitectónico extraordinario. Los lugareños sabían que estaba debajo de la pátina oscura que había dejado la contaminación en sus fachadas. Lo adecentaron y salió a la vista: el barroco apabullante de su caserío es natural del desarrollo que experimentó la ciudad desde el siglo XVII, y desde El Parche hasta el Carbayedo no deja de abalanzarse sobre uno. Pasear ahora por la calle Rivero, ya peatonal, hacerlo por La Cámara, tapear por La Ferrería, copear por Sabugo, comprar ultramarinos en La Colosal, comer en Tataguya –y pedir un pellizco de longaniza de Avilés–, o en Jose’s, o en Casa Moisés, o en Casa Lin, o en Casa Alvarín, guarecerse bajo sus kilómetros de soportales en pleno centro o asombrarse ante la repostería que está creando Miguel Sierra en su pastelería Palermo son buenas razones para dedicarle unas horas a una ciudad de la que va a oír hablar singularmente de aquí a poco.

2010 es la fecha prevista para la inauguración del Niemeyer. Permanezcan atentos. Ojito con Avilés.

Pues eso, que no nos queda nada para el 2010.

No está el ABC entre mis lecturas preferidas. Pero hoy venía en avión y era el único diario que quedaba libre cuando el carrito llegó a mi altura. Y tengo claro que hacía muy bien no leyéndolo habitualmente. Mirad que viñeta y ya me decís.

Visto en AABC de 16 de junio

Visto en ABC de 16 de junio

Voy a fusilar los dos últimos párrafos del editorial de El País de hoy:

El Parlamento que surgirá del 7-J ostentará muchas competencias para codecidir con los Gobiernos en la UE. De hecho, más competencias que nunca, a menos que las crisis checa y británica arruinen el Tratado de Lisboa. Aunque le falte la potencia de arrastre que supondría la capacidad para designar un Gobierno, podrá influir en la política contra la crisis, la evolución del modelo social o los dilemas ambientales. Así sucedió en la última legislatura en asuntos como los vuelos secretos de la CIA o las directivas más escoradas hacia el ultraliberalismo social.

La UE afronta retos como el de completar la unión económica y monetaria, reforzar la política exterior, salvar el Estado de bienestar o incrementar la seguridad interna. Para ello conviene evitar la erosión de legitimidad asociada a la abstención. Pese a la lógica tentación de castigar a toda la clase política, no hay que olvidar que votar es un deber cívico y también un derecho al que no hay que renunciar.

Como ya comentaba hace unos cuantos posts (Un continente sin dirección) soy un europeista convencido y creo que, ahora más que nunca, se debe apostar por avanzar en el proceso de unión más allá de la moneda única. Refrendar el Tratado de Lisboa y disponer de un Gobierno con más peso que la actual Comisión será fundamental para adoptar posiciones comunes en cuestiones como la política exterior, seguridad, Estado de Bienestar…

Un primer paso para conseguirlo será que la ciudadanía sienta que el Parlamento que estos días elegimos los europeos y las europeas les representa de verdad y que en el no campen a sus anchas las corrientes más neoliberales para poder avanzar en las medidas adecuadas para salir de la crisis y que Europa sea el modelo de sociedad que todos y todas los progresistas tenemos en la cabeza.

Y para eso mañana habrá que votar

El otro día, comprando unos libros, lo vi. Vi como alguien compraba el libro de este señor.

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